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obra
Recrear el alma es el resultado del placer estético. Los ojos
se iluminan, brillan con extraña intensidad, se inundan
de vitalidad universal. Esa es la fuerza de la obra
pictórica de JOSÉ JIMÉNEZ. Producir alegría,
encantamiento de los sentidos, apoteosis. No es
necesario leer grandes tratados de estética para
experimentar la belleza. Ella emana del alma como el
agua del arroyo, como la luz del amanecer. La belleza
está, entonces, en el alma y en los sentidos, no en los
tratados. Los óleos de JIMÉNEZ son un homenaje a la
vida, a la fiesta del color, a la creación del mundo.
Representan el más puro sincretismo entre la naturaleza
y el hombre. Para el pintor colombiano no hay
diferencia. El hombre y la naturaleza son lo mismo, la
unidad pura de la creación. No puede haber dicotomía.
Los colores encendidos, insinuantes, cautivadores de los
ojos, son la representación de la fuerza vital, del
cosmos, de lo primigenio. JIMÉNEZ no hace grandes
reflexiones filosóficas ni políticas, muestra
simplemente, concita, revela como un volcán en erupción.
Todo en él es un descubrimiento, una búsqueda de lo
existente, un vértigo con la vida. El artista quiere
verlo todo para mostrarlo con pinceladas rápidas la
mayoría de las veces, como los cazadores de sueños. Es
un adivinador, un mago, un esotérico que se abraza con
la vida, la naturaleza y Dios como totalidad. JIMÉNEZ es
una revelación en el nuevo arte colombiano.
Su acogida en grandes galerías nacionales e internacionales
empieza a ratificarlo como uno de los grandes de la
plástica. Alejado de escuelas y generaciones,
comprometido con una experimentación individual que
lucha por la autenticidad de un estilo, con seguridad
dará mucho de que hablar entre críticos y especialistas.
El pintor hizo grabado, auscultó las escuelas europeas
desde el renacimiento, dibujó con distintos materiales,
se acercó a los grandes maestros y sólo quiere......
perfeccionar su sello, su propia marca de artista, su
individualidad. Eso es lo que puedo decir de JOSÉ
JIMÉNEZ, uno de los pintores colombianos que mayor
expectativa me produce en los comienzos del arte
latinoamericano del siglo XXI.